09 Ene

Fracturas del pie

Facebooktwittergoogle_plusredditlinkedintumblrmail

Definición

Llamamos fracturas del pie a aquellas lesiones en las que se rompen cualquiera de los huesos del pie. Distinguimos astragalo, calcaneo, huesos del tarso (cuñas y hueso navicular), huesos metatarsianos, y huesos de los dedos (falanges). Éstas fracturas se suelen provocar por traumatismos o caídas sobre el pie.

Tipos

Según como sea el trazo de fractura podemos distinguir fracturas simples (fracturas con dos fragmentos) o fracturas conminutas (fracturas con múltiples fragmentos).

Según como se encuentren los fragmentos de la fractura, podemos diferenciar fracturas no desplazadas, cuando los extremos del hueso aun mantienen contacto; y fracturas desplazadas cuando no hay contacto entre los fragmentos óseos.

Según si el trazo de fractura afecta a una articulación o no, distinguimos fracturas articulares y extrarticulares.

Diagnóstico

Cuando un hueso se rompe además de un intenso dolor alrededor de la lesion, el pie suele inflamarse de forma muy importante. En la mayoría de las ocasiones no es posible caminar, aunque de forma muy poco frecuente puede darse la circunstancia de que la fractura no se haya desplazado y se pueda apoyar la pierna y caminar cojeando.

Es imprescindible realizar una prueba de imagen para poder afirmar que hay una fractura en un hueso. Para poder diagnosticar una fractura de tibia se suele realizar radiografías del tobillo y de la pierna. Con un par de radiografías puede ser suficiente para conocer el tipo de fractura y decidir cual va a ser el tratamiento mas adecuado. Sin embargo en ocasiones es necesario realizar un escáner (tomografía computerizada) o una resonancia magnética nuclear para poder concretar el trazo de fractura y el desplazamiento de los fragmentos.

Tratamiento

Las fracturas de pie por lo general no requieren tratamiento quirúrgico para resolverse. Lo habitual es que la fractura este poco desplazada y que se pueda mantener reducida con un botín de yeso, mientras se forma el callo de fractura.

Cuando la calidad ósea es buena y la fractura lo requiere por su inestabilidad, se pueden utilizar clavos o placas atornilladas específicamente desarrolladas para mantener los fragmentos óseos correctamente alineados mientras se forma el callo de fractura.

Hay ocasiones en las que si la capacidad de marcha del paciente estaba muy disminuida antes de la fractura (generalmente vida cama-sillón) o si la situación general del paciente es muy mala (enfermedades importantes mal controladas) se puede optar por no operar; asumiendo que la capacidad para caminar va a quedar muy disminuida. De esta manera se intenta evitar los riesgos de la cirugía, que en ocasiones son fatales.

En la mayoría de los casos se intentara levantar de la cama al paciente en las primeras 24 o 48 horas. Habitualmente se suele inmovilizar el pie y el tobillo con un vendaje reforzado con escayola (férula posterior) o con un botín de yeso. Lo habitual es que no se permita apoyar la pierna. Generalmente es necesario utilizar un andador o unas muletas para repartir el peso del cuerpo. Son muy importantes los ejercicios de rehabilitación para recuperar la fuerza de los músculos que se han debilitado después de la fractura. Generalmente no hace falta seguir un programa específico para volver a caminar. Lo habitual es que se pierda agilidad y fuerza después de la fractura. Pero lo normal es que si la persona era capaz de desenvolverse de forma independiente antes de la caída lo recupere con el tiempo.

Facebooktwittergoogle_plusredditlinkedintumblrmail
Facebooktwitteryoutube